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El Embrujo del Saluki

Muchas razas caninas aspiran a ser reconocidas como la más antigua, pero ninguna de ellas puede agregar a su curriculum el curioso mérito de ser considerada sagrada en distintas culturas e incluso el privilegio de figurar en la Biblia. El único perro que puede hacer ostentación de esos títulos es el Saluki. Dueños de una particular magnificencia y capaces de proyectar un especial embrujo que atrapa a quienes conviven con ellos, los salukis, constituyen una raza de lebreles singularmente atractiva y que curiosamente ha tenido muy escasa difusión en nuestro país, donde existen muy pocos ejemplares. Afortunadamente, en los últimos años el número de salukis en Argentina se ha incrementado paulatinamente a partir de algunas lechigadas nacidas en la Cabaña Red Star y el ingreso de algunos ejemplares provenientes de Paraguay. Por el contrario, el saluki es muy popular en Finlandia -donde posiblemente se encuentren los mejores ejemplares del mundo-, en el Reino Unido donde es una de las razas más populares y en los Estados Unidos de Norteamérica, donde la American Saluki Association impulsa el desarrollo de la raza y donde publicaciones tan prestigiosas como ASA Newsletter y The Saluki Quarterly difunden las actividades desarrolladas por los criadores y clubes asociados. En América Latina, sin lugar a dudas los mejores ejemplares de esta raza se encuentran en Paraguay, donde la actividad inicialmente de Ivonne de Bourbon y actualmente de Juan Carlos Vasconsellos, a través de su criadero Anjal Sahara, ha logrado difundir hasta tal punto la raza que se realizan exposiciones especializadas de la misma que reúnen una importante cantidad de ejemplares. También Brasil cuenta con un importante desarrollo de esta raza. Tengamos siempre presente que lo importante no es tan sólo la difusión de una raza canina sino muy especialmente la calidad de los ejemplares que la integran. La responsabilidad con que se cría y la correcta selección de los reproductores. Por otra parte, un saluki no es para cualquier persona. En nuestro medio, donde la caza con lebreles esta está prohibida por ley y no existen canódromos. El saluki se ha convertido en animal de compañía, campo en que difícilmente pueda ser superado por otra raza canina. Dulce, pero vivaz y activo, entabla con su amo una relación especial donde las miradas lo dicen todo. En la Argentina, el saluki pasó de la alfombra del jequé árabe a un mullido almohadón en living de nuestra casa. Un pasado muy remoto El saluki, también denominado "galgo persa" o "cazador de gacelas", es originario de Asia Menor y según todos los expertos desciende de los lebreles que utilizaban los faraones del Antiguo Egipto en sus cacerías, unos 3.000 años antes de la era cristiana, tal como lo atestiguan las momias de estos perros encontrados en las tumbas de ese período histórico. Es ampliamente sabido que en la cultura egipcia los perros no alcanzaron un papel importante, por el contrario se los asociaba con la suciedad y la muerte. En los primeros tiempos de esta milenaria cultura, los egipcios observaron los hábitos de carroñeros y la mayor actividad nocturna de los perros salvajes y sus parientes los chacales. Temerosos consideraron que el perro era un mensajero del mundo de los muertos y lo adoraron en la forma del dios Anubis, una deidad antropomorfa con cabeza de chacal. Pese a ese rechazo general hacia los perros, los egipcios mostraron especial predilección por una raza de lebreles que emplearon en sus cacerías. Estos animales tenían cuerpo de galgo, eran de pelo corto y con penachos en la cola y en la parte de atrás de los miembros anteriores y posteriores. Al parecer estos animales habrían llegado a Egipto provenientes de la cercana Mesopotamia donde existían desde unos 7.000 años antes de Cristo como atestiguan ciertos frisos y restos arqueológicos donde se encuentran representados perros de similares características. El origen mesopotámico del Saluki, se ve refrendado por el Antiguo Testamento. En el antiguo arameo en que fue escrita la primera parte de la Biblia, la palabra empleada para designar al perro era precisamente "saluki". Aunque el Saluki ya no exista en Egipto, fue, durante milenios, criado con cuidado y ambición en la corte y, la propia Cleopatra estaba muy orgullosa del pedigree de sus Salukis. La expansión del Imperio egipcio hizo que esta raza se extendiera más allá del Eufrates, por toda Asia Menor, desde Siria a Mesopotamia y en Persia. Pero, si los egipcios, babilonios e incluso los hebreos criaron salukis para emplearlos en sus cacerías, los musulmanes decididamente fueron subyugados por el embrujo de este perro singular. Los sheiks islámicos impactados por su porte llamaban al saluki: "el noble" y lo apreciaban como un regalo de Allah a los creyentes. El particular status que dieron a este perro los llevó a compartir sus presas con él y a asegurarles un lugar privilegiado en la alfombra de sus amos. Como animales sagrados su venta estaba prohibida como así también su exportación fuera de la región nativa. Aún en la actualidad, entre los pueblos nómadas del Medio Oriente el valor de un buen saluki cazador alcanza a varios camellos. El saluki era un regalo muy preciado e incluso cuando un novio compraba a su futura esposa el precio de ésta podía incluir un saluki cazador. En sus cacerías los nómades transportan al saluki en sus camellos hasta que divisan a las gacelas, los antílopes más veloces, y entonces liberan a sus perros que desarrollaran en la carrera hasta unos 70 kilómetros por hora y rara vez pierdan su presa. También se lo ha empleado para cazar zorros, chacales y hasta jabalíes. Llevados por los nómades en sus permanentes derroteros por el desierto, los salukis se difundieron por una vasta región que iba desde el Mar Caspio hasta el Sahara, incluyendo el territorio hoy ocupado por países tales como Egipto, Arabia, Israel, Jordania, Siria, Turquía, Irak e Irán. Según se cree los salukis habrían llegado la continente europeo en tiempos de las cruzadas y a través del mestizaje selectivo habrían dado lugar a razas tales como el Whippest, Wolfhounds y Borzoi. Reintroducido en Inglaterra a finales del siglo pasado, por su habilidad de cazador de gacelas fue llamado "Gazelle Hound" y comenzó a ser presentado en exposiciones caninas a comienzos del siglo XX, obteniendo un rápido éxito debido sobre todo, a su belleza y elegancia. Desde entonces, su difusión fue bastante rápida, extendiéndose primero por toda Europa y después en América y Australia. En estos países donde obviamente no puede dedicarse a la caza del antílope, es utilizado, casi exclusivamente como perro de compañía, a pesar de sus excelentes cualidades como velocista. Solo en el nivel de aficionados compite en interesantes carreras en canódromos, las que son seguidas por muy pocos pero verdaderos apasionados.

Dr. Adalberto C. AGOZINO